Caos y muerte por inundaciones en Colorado

Dejan 4 víctimas fatales, miles de damnificados y extensos daños
AP | Septiembre 14 de 2013
Por aire y tierra, el rescate de cientos de residentes de Colorado que quedaron varados por las épicas inundaciones se estaba acelerando a medida que se agotan las reservas de agua y alimento, mientras miles de personas han huido de sus viviendas y ríos repletos de escombros se volvieron mares lodosos que inundaban ciudades y granjas.

Autoridades dijeron el viernes por la noche que hay cuatro muertos y al menos 172 personas cuyo paradero se desconoce. Los funcionarios dijeron que esto no necesariamente significa que las personas estén desaparecidas.

Por primera vez desde que las inundaciones comenzaron el miércoles, Colorado pudo ver la extensión de la devastación y la realidad de lo que se está convirtiendo en un desastre de largo plazo. La inundación ha afectado partes de un área 4,500 millas cuadradas, casi del tamaño de Connecticut.

Helicópteros de la Guardia Nacional evacuaron a 295 personas —incluyendo mascotas— de la aldea de montaña de Jamestown, que quedó aislada por las inundaciones en las faldas del cañón donde se ubica la ciudad.

Mike Smith, comandante de incidentes en el aeropuerto municipal de Boulder, dijo que los helicópteros seguirían entrando y saliendo hasta altas horas de la noche.

Las perspectivas para cualquier persona que prefiera quedarse son semanas sin electricidad, servicio de telefonía celular, agua o alcantarillado.

"En esencia, lo que nos decían era que si nos quedábamos estaríamos aquí por un mes", dijo Dean Hollenbaugh, de 79 años, y quien fue evacuado en helicóptero de Jamestown, en el noroeste de Boulder.

Miles de evacuados buscaron refugio en ciudades que ya estaban rodeadas por ríos caudalosos que se desbordaban de sus cauces.

Una de ellas fue María Hemme, de 62 años. Recordó que las sirenas sonaron a las 2:30 de la madrugada del miércoles.

"María nos tenemos que ir, este lugar se está inundado", recordó que le dijo su amiga Kristen Vincent y se bajaron de un remolque.

"Cuando bajamos del tráiler, en el suelo, donde estaban estacionados los vehículos, el agua llegaba casi hasta las rodillas".

Pronto el remolque, como otros en el parque donde se alojaba, estaba sumergido.

"Lo más terrible fue cuando subí al acantilado y miré hacia abajo. Todo se veía muy mal, (el agua) se llevaba a los coches como juguetes" dijo Hemme. "Tenía tanto miedo de morir, el agua llegó tan rápido".
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