Violencia afecta reputación de Policía de Miami Beach

Además, una queja puede ser marcada como ratificada aunque solo se hayan comprobado infracciones menores, como no llenar un formulario, y no las mismas alegaciones de brutalidad.
El Nuevo Herald | Agosto 25 de 2013
David Noriega
dnoriega@elnuevoherald.com
David Noriega el Nuevo Herald

La muerte del joven colombiano Israel Hernández-Llach generó un debate en el sur de la Florida sobre la seguridad de los Tasers, pero además hizo resurgir las críticas de que en el Departamento de Policía de Miami Beach persiste una cultura de violencia e impunidad.

“Yo les aconsejo a muchos jóvenes que tengan cuidado cuando van a South Beach”, dijo John Contini, un abogado que demandó a la policía por las muertes de Husien Shehada y Lawrence McCoy, dos de las más recientes controversias del departamento. “Y no porque van a estar expuestos a peligro por parte de otros civiles. Les digo que se cuiden de la policía”.

El nuevo jefe de la policía, Ray Martínez, dice que está consciente de la reputación del departamento —y que está intentando mejorarla, principalmente con reformas a la unidad de Asuntos Internos. Elevó el número de investigadores de la unidad de cuatro a siete. Trasladó la responsabilidad de alcanzar conclusiones en las investigaciones de los investigadores mismos, todos sargentos, a un panel conformado por el subjefe Mark Overton y tres comandantes. Y amplió el alcance de la unidad para incluir quejas menores que anteriormente eran dirigidas a los supervisores directos de los oficiales involucrados.

A consecuencia de la muerte de Hernández-Llach el 6 de agosto, después de que un policía de Miami Beach le disparó con un Taser, Martínez y Overton también están revisando la política del departamento en cuanto a las pistolas de electrochoques.
“Pero no quiero dar la impresión de que hay algún problema con nuestra política,” aclaró Martínez.

PERDONAR A OFICIALES

Documentos internos de la policía —reglas en cuanto al uso de la fuerza, archivos de Asuntos Internos y estadísticas del departamento— sugieren que los problemas de la agencia surgen de sus políticas y de su proceso disciplinario. Las políticas escritas del departamento alcanzan estándares nacionales de acreditación, pero no controlan el uso de la fuerza tan proactivamente como algunos de los principales departamentos del país. El proceso disciplinario refleja una tendencia a perdonar a los oficiales a pesar de evidencia ambigua o incriminatoria.

En el verano del 2007, Milton Rodríguez viajó de Orlando a Miami con su familia para comprarle un carro a su hija de 16 años. La familia se hospedó en un hotel de Miami Beach y decidieron pasar la noche del viernes caminando.

Mientras iban por la Avenida Collins y la Calle 14, un hombre intentó de manera agresiva venderle marihuana a Rodríguez. Cuando el hombre le puso una pequeña bolsa en la mano, Rodríguez se la devolvió y le gritó hasta que se fue.

Poco después, mientras cruzaban la Avenida Collins, dos policías vestidos de civil salieron de un carro sin identificaciones y se lanzaron sobre Rodríguez y su hijo de 20 años.

“En ningún momento se identificaron como policías”, dijo Rodríguez. “Yo pensé que nos estaban atracando”.

Rodríguez les gritó a los agentes, preguntándoles qué estaba pasando, y tuvo una breve escaramuza con un oficial llamado José Reina.
“Después me agarró, me empujó contra un carro, y comenzó a dispararme con el Taser”, afirmó Rodríguez.

Rodríguez vio que el oficial que tenía sometido a su hijo había sacado su placa.

“Tan pronto vi esa placa, me caí al suelo”, dijo Rodríguez. Los oficiales lo volvieron a levantar, y Rodríguez continuó discutiendo.

“Así que de nuevo me empujaron contra el carro, y de nuevo me dispararon con el Taser”, dijo. “Perdí la consciencia. Mi familia pensó que estaba muerto”.

Cuando Asuntos Internos entrevistó a Reina, el detective dijo que Rodríguez le había dado un codazo en el pecho. Pero la familia de Rodríguez asegura que él sólo discutió en voz alta, y eso no le gustó al oficial.

En el reporte del arresto y en otras declaraciones poco después del evento, Reina dijo que solo había usado su Taser una vez. Pero Asuntos Internos examinó el aparato y confirmó que lo había descargado dos veces.

Casi dos años después del incidente, Asuntos Internos exoneró a Reina por su uso del Taser. En sus conclusiones, no abarcaron las declaraciones contradictorias de Reina en cuanto a la cantidad de veces que lo utilizó, ni el tema de si Reina se identificó como policía.

OTROS CASOS

Hay otros casos de oficiales exonerados por usar un Taser en situaciones cuestionables.

En el 2005, un oficial usó un Taser cuatro veces contra un hombre esquizofrénico esposado en el asiento trasero de una patrulla. El hombre había pateado una ventana del carro.

En el 2008, un oficial descargó su Taser cinco veces contra un hombre tirado en el piso de la galería donde trabajaba. La policía dijo que se estaba resistiendo violentamente, pero un video de seguridad lo muestra acostado sin moverse.

“Los usan casi como si fueran juguetes”, dijo Lida Rodríguez Taseff, miembro de la Junta de Justicia Latina y antigua presidenta del ACLU en Miami. “Creo que el Departamento de Miami Beach considera a los Tasers como un arma no-letal, cuando de hecho son un arma menos-letal”.

La diferencia, según un reporte del Departamento de Justicia del 2011, es que un arma menos letal “tiene el potencial de causar la muerte” incluso cuando es usada apropiadamente.

El reporte, que ofrece parámetros para el uso de los Tasers por la policía, asevera que los aparatos “deben ser utilizados como armas de necesidad, no como herramientas de conveniencia”.

Estadísticas del Departamento de la Policía de Miami Beach muestran que en el 2012 la policía utilizó los Taser 86 veces, alrededor de 36 por ciento del total de incidentes en que sus oficiales reportaron haber usado cualquier tipo de fuerza. Esto es más de seis veces que la cantidad de situaciones en que usaron spray de pimienta, otra arma menos-letal.

Comparadas con Miami Beach, otras agencias controlan más estrictamente el uso de los Tasers. En Nueva York, por ejemplo, solo supervisores y oficiales de los servicios de emergencia, entrenados en tácticas y equipamientos avanzados, pueden cargar con el aparato.

En Miami Beach, cualquier oficial puede cargar un Taser luego de un entrenamiento de ocho horas.

El departamento defiende sus políticas en cuanto al uso de los Tasers, y dice que sigue los estándares de Taser International, la compañía que
manufactura los aparatos, y de la Comisión Nacional de Acreditación de Departamentos de Policía.

“El Taser es un aparato que ha salvado innumerables vidas”, dijo el subjefe Overton, agregando que en 10 años de usarlo antes de la muerte de Hernández-Llach no habían tenido ningún incidente de gravedad.

RENDIMIENTO DE CUENTAS

La política de Miami Beach en cuanto a los Taser refleja una tolerancia más general en sus políticas en cuanto a la fuerza, especialmente cuando se comparan con otras agencias en zonas densas y urbanas del país.

Los tres departamentos más grandes de Estados Unidos —Nueva York, Chicago y Los Angeles— introducen sus reglamentos con firmes recuerdos de que la fuerza excesiva no se puede tolerar.

La policía de Nueva York específicamente les indica a sus oficiales que serán responsables en casos civiles y criminales por usar fuerza excesiva, y agrega que son responsables por intervenir cuando presencian brutalidad por parte de sus compañeros.

En contraste, las reglas de Miami Beach se limitan desde el comienzo a indicar cuándo se justifica el uso de la fuerza: “cuando un oficial percibe razonablemente que es necesaria para efectuar un arresto o defenderse a sí mismo o a otro de daño físico”.

Ray Taseff, quien ayudó a la ACLU en una demanda contra el departamento, dijo que las políticas escritas son importantes para establecer el control institucional de la fuerza.

“La política es el principal reflejo de las prioridades del departamento”, dijo Taseff. “Si hay declaraciones fuertes y afirmativas indicando que la fuerza debe ser usada con moderación y sólo cuando es necesaria, ésa debería ser la primera frase de la política”.

Aún así, la mayoría de los críticos del departamento piensan que los problemas surgen no solo de las reglas mismas sino de cómo los oficiales son disciplinados cuando las rompen.

“Hay una cultura muy laxa en la Ciudad de Miami Beach, donde toleran todo tipo de comportamiento por parte de la policía,” dijo John de León, un abogado de derechos civiles que también fue presidente del ACLU en Miami. “El rendimiento de cuentas es clave. Si las quejas (contra los oficiales) son ratificadas y hay disciplina, se comienza a crear una cultura de responsabilidad, y así es como comienzan a cambiar las cosas.”
Según estadísticas de la policía para los últimos 12 años, alrededor de 33 por ciento de los casos de Asuntos Internos han sido ratificados. Sin embargo, los datos no muestran cuántos casos involucraron fuerza excesiva.

Además, una queja puede ser marcada como ratificada aunque solo se hayan comprobado infracciones menores, como no llenar un formulario, y no las mismas alegaciones de brutalidad.

UNA MALA NOCHE

Así fue en el caso de Milton Rodríguez. El detective Reina fue exonerado por usar su Taser pero fue disciplinado levemente por no completar un reporte sobre el incidente.

Rodríguez también alegó que Reina le pegó en la nariz con su radio mientras estaba esposado, que Reina y otros oficiales lo golpearon, y que Reina le plantó una bolsa de cocaína para justificar el arresto.

Rodríguez recibió cargos de posesión y compra de drogas, resistir arresto y atacar a un oficial de la policía.

“Eran policías malos. Como en una de esas películas,” dijo. “Esa fue una mala noche.”

Y esa no fue la única vez que Reina fue acusado de arruinarle la noche a alguien. Apenas ocho días antes de su encuentro con Rodríguez, mientras varios oficiales arrestaban a un hombre afuera del Club Mansion, Kenneth Thompson, un sargento del ejército, los criticó por ser demasiado bruscos y tomó fotos con su celular.

Reina presuntamente empujó a Thompson contra un muro, lo tomó por el cuello con las manos y lo arrestó. Asuntos Internos no logró llegar a conclusiones firmes en el caso.

Unos cinco meses después, el 9 de diciembre del 2007, Reina persiguió a un hombre llamado Eliseo La Bruno en las calles de South Beach y le disparó cinco veces, dándole dos tiros en la espalda, según una demanda en contra de Reina y la Ciudad de Miami Beach.

La Bruno, quien sobrevivió la balacera, no iba armado, y dijo que Reina nunca se identificó como policía. Por lo tanto, La Bruno pensó que el ataque era una venganza por una pelea que había tenido anteriormente con un taxista.

La demanda terminó con un acuerdo confidencial. La policía confirmó que Reina sigue empleado como agente del Departamento de Miami Beach.

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