Ordenan desalojo de condos en La Pequeña Habana

Desde que el piso de una de las viviendas colapsó en enero, los dueños dicen que viven con temor de que sus casas se derrumben.
El Nuevo Herald | Marzo 23 de 2013
Brenda Medina y Melissa Sanchez
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Brenda Medina y Melissa Sanchez el Nuevo Herald

La Ciudad de Miami ordenó el viernes a los residentes de un complejo de condominios con problemas estructurales en La Pequeña Habana desalojar sus viviendas a más tardar el 1ro de abril, al día siguiente del Domingo de Pascua.

Luego de que se realizaran varias inspecciones al edificio, el director del Departamento de Construcciones de Miami, Mariano Fernández, concluyó que no podía garantizar la seguridad de los residentes de Havana Palms, en la calle 2 del SW.

Desde que el piso de una de las viviendas colapsó en enero, los dueños dicen que viven con temor de que sus casas se derrumben.

“Las evaluaciones realizadas no garantizan que eso no volverá a ocurrir”, afirmó Fernández. “Mi prioridad es la seguridad de cada uno de los residentes”.

Fernández explicó que las vigas de madera que soportan el piso del edificio construido en 1946 se han deteriorado por una infestación de termitas a través de los años. En parte, el problema de las termitas empeoró por la humedad causada por varias tuberías de agua rotas que no fueron reparadas a tiempo. Según Fernández, la situación pudo haberse agravado cuando se vertió una capa de cemento sobre el piso de madera, para instalar baldosas en cada unidad.

“Si las vigas no tienen fuerza, y encima le añades tanto peso con el concreto, claro que se puede caer”, dijo Fernández. “Esto es un problema de años, no ocurrió de un día para otro”.

Las baldosas fueron instaladas cuando la empresa inmobiliaria Montara Land V, LLC compró los cinco edificios en el 2006, para convertirlos en condominios. Los empresarios instalaron el concreto y las baldosas sobre la estructura de madera, a pesar de que un reporte de ingeniería pagado por ellos en el 2006, concluyó que a la estructura del edificio le quedaban cinco años de vida útil y que el arreglo costaría unos $700,000. Entre diciembre del 2006 y marzo del 2009, la empresa de Gabriel De la Campa y Aníbal Duarte Viera vendió 13 condominios a precios desde $119,000 por una habitación a $184,000 por dos. La mayoría de los compradores eran de bajos recursos y calificaron para préstamos y subsidios del Condado Miami-Dade y la Ciudad.

Desde el 2009 los dueños empezaron a notar daños en las estructuras, y se quejaron con los empresarios que les vendieron, y con las autoridades que habían aprobado sus préstamos y subsidios. Recibieron algunas ofertas para perdonarles las deudas con la Ciudad y el Condado pero no las consideraron justas.

“Querían que nos quedáramos viviendo allí por décadas”, dijo Daniel Bertolasa, uno de los dueños. “Pero nosotros queríamos que presionaran a los inversionistas que nos estafaron a que reparan nuestras viviendas. No podíamos quedarnos porque las casas se estaban cayendo a pedazos apenas a un año de comprarlas”.

En el 2011, Duarte Viera y De la Campa vendieron 18 condominios restantes al empresario inmobiliario Constantino Cicchelli y Montara Land V se disolvió.

El viernes por la tarde, un ambiente cargado de rabia y tristeza rondaba al complejo Havana Palms, cuyas 32 unidades están ocupadas por dueños e inquilinos. Los vecinos se quejaban mientras observaban a dos empleados de la ciudad pegar los anuncios de desalojo en cada puerta. Varios residentes han dicho que no tienen dinero para mudarse.

“Yo pago mi hipoteca y el cargo de la asociación, que juntos son unos $1,500 al mes”, explicó Daniela, que no quiso dar su apellido. “Tengo dos hijos y un alquiler de un apartamento de dos habitaciones serán otros $1,000, por lo menos”.

Daniela fue una de las primeras vecinas que compró un condominio en el complejo, en el 2007. Pagó $174,000 y dijo que invirtió unos $12,000 en arreglos y renovaciones. Luego de que empezaran a surgir problemas de estructura y tuberías dañadas hacia el 2009, varios vecinos dejaron de pagar sus préstamos y algunos ahora se encuentran bajo embargo hipotecario. Otros se mudaron del lugar porque se sentían inseguros en sus viviendas.

Pero para Daniela, dejar de pagar la mensualidad no era una opción.

“Mi esposo y yo dependemos mucho de nuestro buen historial de crédito porque yo tengo un negocio”, dijo Daniela. “Si dejo que se dañe mi crédito todo se me viene abajo”.

Otro anuncio pegado en cada puerta informaba que los residentes que no tengan a dónde ir podrán pedir ayuda al Programa de Asistencia para Desamparados de Miami.

“¡Demonios, ahora tendré que buscar a dónde irme otra vez!”, gritó al leer el anuncio de desalojo una inquilina que no quiso dar su nombre.

“Yo no tengo dinero para esto”.

Juana Blandón, una de las dueñas que no recibió ayuda del gobierno para comprar, dijo que desde la semana pasada está buscando un apartamento para mudarse, pero que las rentas están muy caras.

Cuando Blandón y su esposo compraron el condominio por $147,000 en el 2009, la mujer tenía dos trabajos. Ahora está desempleada y hace más de un año dejó de pagar la hipoteca. En semanas recientes Blandón llamó al Bank of America, con el cual tiene su préstamo, para explicar su situación. Dijo que una persona del banco prometió que trabajaría con ella para buscar una solución, pero que hasta ahora no le han enviado nada por escrito.

La esperanza de varios dueños es que sus bancos les ayuden a solucionar su situación.

“Nosotros les pagamos a los bancos para que mandaran a un inspector a las viviendas cuando compramos”, declaró Bertolasa, que tiene una hipoteca con Gibraltar Private Bank and Trust, de Coral Gables. “Obviamente no hicieron un buen trabajo, así que ahora deben respondernos”.

Un representante de Gibraltar Bank no regresó llamadas de El Nuevo Herald el viernes.

La Ciudad tenía previsto desalojar todo el complejo el lunes 18 de marzo pero el presidente de la asociación de propietarios, el inversionista Cicchelli, contrató a un ingeniero estructural para que hiciera una reevaluación. Luego de dos inspecciones, el ingeniero concluyó que sólo cuatro condominios en el mismo edificio en cual se hundió un piso tenían daños serios. Sin embargo, Fernández dijo que no puede arriesgar la vida de los residentes permitiéndoles quedarse allí.

“Ahora todos los que nos esforzamos para ser dueños de casas quedamos como desamparados”, dijo Bertolasa, quien desde hace meses dejó su condominio pero que aún continúa pagando la hipoteca. “Y ningún funcionario de Miami se atreve a enfrentar a los bancos y los empresarios que nos engañaron”.

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