Miami Jai-Alai busca recuperar la gloria perdida a pesar de problemas financieros

Antes del renacimiento de South Beach, cuando Wynwood era aún un distrito de manufacturas, una noche en la ciudad comenzaba en las puertas de entrada del Jai-Alai de Miami.
EFE | Agosto 24 de 2013
GUSTAVO SOLIS
gsolis@MiamiHerald.com
GUSTAVO SOLIS The Miami Herald

Una vez, la diversión en Miami estaba aquí.

Antes del renacimiento de South Beach, cuando Wynwood era aún un distrito de manufacturas, una noche en la ciudad comenzaba en las puertas de entrada del Jai-Alai de Miami.

He aquí una retrospectiva:

Autobuses de turismo llenos con norteños quemados por el sol que venían de los hoteles frente al océano, que se trasladaban a lo largo del puente hasta un gran edificio con magia adentro.

La conversación de jugadores bien vestidos en vestíbulos llenos de humo ahogaban los sonidos de las pelotas de piel de chivo que golpeaban las paredes a lo que parecía ser la velocidad del sonido.

Por $1.5 millones, una renovación agregó espacio y murales, mientras las paredes al estilo de la década de 1920 se echaron hacia atrás para acomodar mayores multitudes.

Un muchacho local llamado Joey se convirtió una estrella en la cancha.

Ese era el mundo del jai-alai en el Miami de las décadas de 1960 y 1970. Alucinante. Caluroso. Y el lugar donde estar. Piensen en los juegos del Heat en la AA, menos los niños y con mejores vestidores.

Para la década de 1980, el frontón estaba un poco en decadencia, pero todavía era parte de los créditos iniciales de Miami Vice junto con los canales de South Beach y los flamingos de Hialeah Park, y sede de conciertos y peleas de boxeo con todas las entradas vendidas.

Ahora, viajemos hacia delante: más de dos décadas más tarde, el desolado frontón de la polvorienta Calle 36 cerca del aeropuerto lucha por recuperar su pasada gloria. Los asistentes son cientos, algunas veces docenas. Y la compañía matriz se declaró en bancarrota.

El vestíbulo aún huele al humo de cigarrillos. Las luces intermitentes de neón y los anticuados anuncios aún decoran la gran arena. Los jugadores aún balancean sus cestas, atrapando y tirando la pelota contra la pared.

Pero las multitudes son una cosa del pasado. La moda son ropas del diario, no las elegantes de antaño. Los visitantes viven cerca. El encanto es difícil de encontrar, a no ser que sea en uno de los anuncios.

¿Y el dinero? No hay mucho en el pote como había en la década de 1960.

Pero a pesar de décadas de público cada vez menor y la reciente solicitud de protección de bancarrota, la dirección y el personal de Miami Jai-Alai tienen esperanza en el futuro.

“La bancarrota no afecta nuestras operaciones”, dijo el administrador Rene Guim. “No vamos a cambiar o reducir nuestro personal. Hay suficiente efectivo para pagar los potes y los premios”.

El frontón abrió un casino en enero del 2012 y ha visto un aumento en asistencia desde entonces, dijo Guim.

Su informe de ganancias del segundo trimestre, dado a conocer el lunes, mostró que Florida Gaming declaró un beneficio operativo de $4 millones para los tres meses que terminaron el 30 de junio. Las entradas del casino en esos 90 días llegaron a $19 millones.
“Sobreviviremos”, dijo Manny Rodríguez, de 72 años, el ex maitre del exclusivo Restaurante Courtview del frontón y actualmente un cantinero.
El restaurante de cinco estrellas acostumbraba a estar lleno las siete noches de la semana y se consideraba uno de los lugares más connotados en la ciudad, dijo Rodríguez.
Celebridades y apostadores observaban los partidos desde palcos con asiento de piel desde donde veían la cancha de jai-alai y ordenaban cenas con bistec a los camareros vestidos de esmoquin.
Ricos y famosos como Sylvester Stallone – cuando era el joven actor musculoso de las películas de Rocky – acostumbraban visitar el Courtview cuando estaban en la ciudad.
Ahora los asientos de piel del restaurante están llenos de polvo y comprobantes de apuestas de hace años están en el piso.
“Realmente me deprimo cuando vengo aquí”, dijo el cantinero Manny Rodríguez, quien ha trabajado durante 35 años en el restaurante y el bar.
La vista desde el restaurante: una arena de jai-alai casi vacía. Los sonidos más altos no son las aclamaciones de la multitud, sino el eco de la pelota golpeando la pared a 180 millas por hora.
“Eran tan altas las aclamaciones que no podías oír la pelota”, dijo Juan Ramón Arra, de 50, un ex jugador que ahora trabaja como un agente.
Un episodio de Mad Men, de la cadena de televisión AMC, captura el entusiasmo que rodeaba al jai-alai en la década de 1960.
“Esto muestra como aumenta la asistencia al jai-alai”, dijo un rico y joven inversionista a Don Draper y otros durante una sesión de publicidad en el popular programa. “En siete años eclipsará al béisbol”.
Muchos factores contribuyeron a la decadencia del jai-alai durante las décadas. Los jugadores se fueron a la huelga a finales de la década de 1980. La ciudad obtuvo al Heat, los Marlins y los Panthers. Con loterías multiestatales, televisión por cable y películas en los teléfonos inteligentes, el observar y apostar a hombres que juegan un partido de pelota no ha calado en las nuevas generaciones.
El jai-alai también comenzó su espiral descendente al mismo tiempo que dos de sus ex ejecutivos encontraron muertes violentas en ataques de profesionales a comienzos de la década de 1980, y también mientras la violencia en Miami crecía alrededor del cercano Aeropuerto Internacional de Miami, cuando bandas de ladrones tomaban como blanco a turistas en autos rentados.
Sin embargo, a pesar de las escasas asistencias y la pérdida de lustre, hay optimismo por parte de las personas que administran lo que ahora se conoce como Casino Miami Jai-Alai.
Incluso cuando el casino y el frontón están en el mismo edificio, caminar de uno al otro parece como una deformación del tiempo.
Dentro del vestidor del casino, brillantes y nuevos Fiats provocan a los clientes a jugar en las máquinas por una oportunidad de ganar uno de los autos italianos. Las paredes y alfombras son nuevas, los televisores son de pantalla plana, no los de caja en el frontón.
Pero ambas partes del frontón dependen una de otra. El deporte del jai-alai hace legal que la administración opere un casino. Y el casino trae suficiente dinero para subsidiar al jai-alai.
Declaraciones financieras presentadas en la corte muestran que las máquinas de juego del frontón entregan todas las semanas $1.1 millones en efectivo a la operación, mientras que un alto ejecutivo testificó que los partidos de jai-alai producen una pérdida neta anual de $1 millón.
“Sobreviviremos”, dijo Rodríguez.

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